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2. Los principales cambios históricos en la forma de percibir las compensaciones

A medida que la sociedad europea ha ido cubriendo sus objetivos de abastecimiento alimentario, abandonando la escasez para pasar a la suficiencia, la PAC ha instrumentado las compensaciones económicas de modo diferente.

Antes de 1992

Inicialmente, los procedimientos seguidos se basaron en ofrecer a los agricultores y ganaderos la posibilidad de entregar sus productos en almacenes públicos, alternativos a los privados, por cuya entrega se percibía un precio previamente pactado (precios de intervención). La oferta se complementaba con un control de los intercambios comerciales de productos agrarios, con una clara preferencia a la producción propia frente a la importada.

El sistema resultó muy eficiente para conseguir la suficiencia alimenticia, sin embargo, generó excedentes cuya financiación y posterior puesta en mercado dieron lugar a gastos excesivos. En estas condiciones se hizo necesario revisar el sistema para hacerlo compatible con un gasto menor y con las reivindicaciones comerciales de los países exportadores de productos agrarios del primero, segundo y tercer mundo.

Desde 1992

En 1992 se configuró un procedimiento que sustituiría de modo gradual las entregas en almacenes públicos a precio pactado. El nuevo sistema se caracterizaba, básicamente, por reducir los precios de intervención acercándolos a los de los mercados internacionales, y por ofrecer a los agricultores ayudas directas a la producción, siempre que éstas orientaran sus explotaciones hacia producciones determinadas que se comercializaran en el mercado libre, reduciéndose las limitaciones a los intercambios comerciales con terceros países. Este esquema de funcionamiento es el que ha venido aplicándose hasta el año 2003.

Desde 2003

La PAC sufrió una importante reforma en 2003, al adoptarse por la Unión Europea los criterios contenidos en los compromisos internacionales sobre las nuevas formas de producir, con más atención al medio ambiente y a la salubridad de los alimentos, y las nuevas formas de compensación y apoyo a la agricultura que se atenga a esos principios.

Estas nuevas formas tratan de conseguir la adaptación de las agriculturas a las demandas, en cantidad y calidad, de los mercados nacionales e internacionales, con el consiguiente aumento del comercio internacional de productos agrarios, mediante su creciente liberalización.

Para promover la adaptación a la demanda, el cambio introducido en el sistema de ayudas agrarias consiste en:

reconocer unos derechos económicos, de carácter histórico, a los agricultores y ganaderos que han venido percibiendo ayudas directas por dedicar sus explotaciones a la producción de unos productos determinados, durante un período de tiempo establecido.

Los derechos económicos no se conceden para no producir, sino para producir lo que demanda el mercado (o para mantenerse en disposición de hacerlo), mediante la aplicación de sistemas de producción respetuosos con normas estrictas sobre la salud humana, el bienestar animal y el medio ambiente en que la producción se desenvuelve, reforzando así el papel de los agricultores y ganaderos como suministradores de productos sanos y beneficiosos para la salud de los consumidores.

EL NUCLEO PRINCIPAL DE LA REFORMA



El propósito esencial de la reforma de 2003 es que la producción se oriente por el mercado, nacional e internacional, y no por las ayudas percibidas, sin perjuicio de que los agricultores y ganaderos sigan recibiendo los apoyos necesarios para llevar a cabo, en sus explotaciones, los cambios que requiere esta nueva situación.




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